EL CINE Y LA CULTURA POPULAR ESPAÑOLA
Temas de cine junio 19th, 2025TRAS LAS HUELLAS DEL TITIRITERO
Gonzalo Montón Muñoz
La cultura popular española y el cine se han nutrido recíprocamente con profusa asiduidad desde la propagación de este último a principios del siglo XX, provocando resultados sustanciosos en la intrahistoria y las costumbres de la sociedad. De ello da cuenta, con pertinentes ejemplos, Agustín Sánchez Vidal en Pero… ¡en qué país vivimos!, su nuevo libro. Tan chocante epígrafe procede de una película con el mismo título que dirigió José Luis Sáenz de Heredia, sobre una chica yeyé, paladina de la modernidad, que se enfrenta a un cantante castizo, exponente de los hábitos rancios y machistas que debían quedar en el pasado. Se trata de una festiva representación de las eternas dos Españas, enfrentadas al ritmo de músicas diversas y divergentes, donde se traslucen los profundos cambios sociales que nuestro país vivió a finales de los años sesenta, coincidiendo con los primeros estertores de la dictadura franquista y la transformación de un país rural y agrario en otro urbano y moderno.
De Agustín Sánchez Vidal conocemos muy bien sus numerosos escritos relacionados con el medio cinematográfico y los vastos aledaños culturales. Catedrático emérito de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza, donde fue profesor durante varias décadas, es un avezado investigador y ensayista, además de autor de varias novelas; conocido, y reconocido ꟷrecibió en 2016 el Premio de las Letras Aragonesasꟷ, por sus brillantes y fundamentales escritos biográficos sobre los cineastas Segundo de Chomón, Luis Buñuel, Florián Rey, Carlos Saura y José Luis Borau. Autor del esclarecedor ensayo sobre tres creadores e insignes amigos titulado Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin; así como de otras muchas publicaciones, entre ellas, Sol y sombra, El siglo de la luz o Genealogías de la mirada. Estas últimas albergan concomitancias en la temática con el libro que ahora nos ocupa.
Para adentrarnos en su discurso, el autor nos propone al inicio la lectura de la letra de “El titiritero”, una famosa canción de Joan Manuel Serrat que hilará con una sugerente metáfora donde el cine es un buhonero errante que va dejando su rastro en el imaginario colectivo español, y que a su vez se impregna de las manifestaciones teatrales y musicales de las clases populares a lo largo del siglo pasado, con las que comienza compitiendo, aunque más tarde esas expresiones artísticas acabarán en muchos casos hibridándose. La obra está estructurada en un prólogo y una docena de capítulos, a través de los cuales se va desgranando, en orden cronológico, la importancia del cine, y más tarde también la televisión, como reflejo de las transformaciones de nuestra sociedad.
Si bien comienza evocando el complejo que durante tanto tiempo hemos padecido sobre la cuestionable calidad de nuestro cine nacional, pronto nos lleva a los orígenes franceses del tópico peyorativo de la españolada. Y nos traslada después al teatro popular y a los géneros chicos, entre los que se encuentran el sainete, la zarzuela y las revistas escénicas, y cómo no, los estilos musicales tan del gusto del público de antaño como la copla y el cuplé; diversiones sociales entre las que el cine, recién aparecido, intentará hacerse un hueco.
De ahí viajamos a los años treinta, cuando el cine empieza a hablar y en el territorio español hace su primera incursión la cultura de masas norteamericana, modificando los hábitos de consumo y ocio en el público español, provocando transformaciones arquitectónicas de la Gran Vía madrileña. Pero también en aquellos agitados años, un grupo de cineastas y actores (como Neville, Jardiel Poncela, Perojo, Florián Rey, Imperio Argentina o José Isbert) que empezaban a despuntar en el panorama patrio se desplazaron temporalmente a la Meca del cine, a París y más tarde a Berlín para filmar en nuestro idioma.
Y este trávelin espacio-temporal nos lleva a visitar las siniestras checas de Madrid al principio de la Guerra Civil, a visionar una secuencia de Rojo y Negro, una película de los años cuarenta y de ideología falangista, y de ahí a las ilustraciones de los códices medievales, incluso a las viñetas de Ibáñez en «13, Rue del Percebe», para a continuación hacernos reflexionar sobre las continuidades y rupturas del cine de posguerra, capitaneadas por Bardem, Berlanga y Martín Patino, entre otros cineastas, la censura franquista y la obligatoriedad de doblar las películas extranjeras a la lengua del imperio. El cine americano sedujo de nuevo a los espectadores, hasta el punto de que Rebeca, Casablanca o Gilda adquirieron nuevos significados entre la gente. En la década de los sesenta, géneros musicales foráneos, como el rock and roll, el twist y el pop barrieron a los nativos con sus ritmos trepidantes poco antes de la llegada de la democracia. También aparecieron jóvenes grupos musicales, favorecidos por la televisión, y más tarde, otros géneros autóctonos como la rumba y el cine quinqui.
Tras el último capítulo, dedicado a las deliberadas raíces folclóricas del cine de Almodóvar y a la recién estrenada libertad expresiva, concluye el autor con un epílogo en el que rastrea con pericia las huellas de la paloma en la música, el teatro o el cine, como símbolo de fragilidad, pero también de libertad. No en vano, el libro se lo dedica a José Luis García Sánchez, director del filme El vuelo de la paloma. El trabajo se cierra con unos créditos en los que se glosa una selección bibliográfica que puede servir al lector curioso para profundizar en los contenidos tratados.
Tal y como reza el subtítulo, esta publicación supone “una celebración del cine y la cultura popular española”, donde el profesor Agustín Sánchez Vidal, fiel a la máxima horaciana del prodesse et delectare, logra encandilarnos mediante un discurso instructivo a la vez que ameno. Aunque equipado con gran profusión de datos, no disminuye el disfrute de su lectura. Dotado de un estilo seductor, muy cuidado y rico en matices, que no desdeña expresiones coloquiales ocurrentes, y una prosa no exenta a veces de una fina ironía y un humor socarrón, propios de un titiritero de las palabras erudito y divertido.
Agustín Sánchez Vidal, Pero… ¡en qué país vivimos! (Una celebración del cine y la cultura popular española), Espasa, Editorial Planeta, 2024. Esta reseña ha aparecido en el nº 155 de la revista cultural TURIA (Junio-Octubre-2025).
