Cuaderno de rodaje

CHOMÓN Y EL CINE DE ANIMACIÓN

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Artículo publicado en la revista Cabiria. Cuadernos turolenses de cine. N.º 11. Año 2016.

SOBRE ‘LA MIMOSA’ PERDIDA DE CHOMÓN

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El pionero del cine Segundo de Chomón rodó en la Riviera italiana una película titulada La Mimosa, pero de ella no se conserva ninguna copia. No queda ningún fotograma, ni fotografía alguna que testimonie aquella filmación. De ella solo se sabe, por boca de su nieto Piero, que trataba sobre una pareja de adolescentes que se enamoraba durante unas vacaciones estivales junto al mar, y que duraba en torno a 45 minutos. El título hace alusión a un arbusto muy común en aquellos paisajes que florece en invierno. Sus flores son una bolas amarillas, y sus hojas tienen la particularidad de que se contraen cuando se tocan.

Fue en el verano de 1923, después de haber recibido, en la primavera de ese año, una Gran Medalla de oro en la Exposición Internacional de Fotografía óptica y Cinematografía de Turín por un cortometraje documental titulado La natura a colori, que rodó en blanco y negro a 32 fotogramas por segundo, en vez de a los 16 habituales. Lo tintó después con un aparato ideado por él y por su amigo Ernest Zollinger, un ingeniero suizo con quien había colaborado en la productora Itala Film, y antes en la Pathé Frères. Se trataba de un sistema aditivo de bicromía alternada (en rojo anaranjado y verde azulado), cuya pancromatización lograba un simulacro de color real. Obsesionados con imprimir color a las imágenes en movimiento, ambos crearon una productora, Iris Film, para financiar su película experimental. Pero no obtuvo demasiado éxito, pues al rodar al doble de la velocidad habitual se encarecía el resultado.

 

POR SIEMPRE BUÑUEL

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Al cumplirse el pasado 22 de febrero el 125 aniversario del nacimiento de Luis Buñuel en Calanda, los investigadores Jordi Xifra y Manuel Fructuoso han decidido dedicarle un homenaje publicando (en Prensas de la Universidad de Zaragoza) el libro Diccionario Buñuel, una sustanciosa suma buñueliana con 530 entradas sobre el universo del genial cineasta. En esta ambiciosa obra de consulta, de 750 páginas, se recopilan abundantes opiniones del protagonista, de sus amigos y allegados, y de diferentes especialistas. Jordi Xifra es el director del Centro Buñuel de Calanda y Manuel Fructuoso es un profesor jubilado, especialista en la vida y la obra del calandino, cuyos conocimientos los vuelca en su blog En torno a Luis Buñuel.

 

 

También el cantautor y poeta de origen bilbilitano Ángel Petisme acaba de lanzar un disco-libro sobre el cineasta y la Generación del 27 titulado Posada de la sangre. Ya publicó otro estupendo disco en 2000, Buñuel del desierto, con ocasión del centenario de su nacimiento.

El pasado febrero Ángel Petisme sacó un bonus track del nuevo disco. Se trata de una versión de la canción «Los sueños se revelan» descartada en su tiempo para su publicación en Simón del desierto. Se trata de una canción que recrea el argumento del filme Un perro andaluz. Acompaña la canción a un videoclip realizado hace ya unos años por alumnos del IES Segundo de Chomón, de Teruel.

El programa Días de cine, de Televisión española, ha emitido a lo largo de varias semanas un bloque de reportajes sobre Buñuel.

Y la revista Cabiria. Cuadernos turolenses de cine publicará a finales de año un nuevo número en el que incluirá un apartado sobre Buñuel. En números anteriores le hemos dedicado periódicamente una atención especial.

¿QUÉN FUE SEGUNDO DE CHOMÓN?

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Artículo publicado en 2021 en ‘Alcoy modernista. Revista de arte, humanidades y cultura’. 

LA MUJER EN EL CINE DE LUIS BUÑUEL

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LAS MUJERES DE BUÑUEL

Gonzalo Montón Muñoz

Los personajes femeninos en la obra cinematográfica de Luis Buñuel componen un amplio abanico de mujeres posibles e imposibles, de mujeres vividas y soñadas. En varias de sus películas constituyen el principal centro de interés narrativo, ocho de sus treinta y dos títulos hacen referencia a ese protagonismo femenino (Susana, demonio y carne, La hija del engaño, Una mujer sin amor, La joven, Viridiana, Diario de una camarera, Belle de jour y Tristana). A menudo son concebidas como objeto del deseo masculino: tanto Susana como Viridiana, Célestine, Séverine, Tristana o Conchita despiertan desbocadas pasiones sexuales que conducen a la frustración del deseo en unos hombres que, a la vez, sienten repulsión por el poder sexual de la mujer.

El deseo, la imaginación y los sueños

Para Buñuel, el motor del mundo es el deseo, y sustituye a la belleza como valor. Entrevistado por Tomás Pérez y José de la Colina, afirma lo siguiente: “Reconozco que el mundo de mis películas tiene el tema del deseo, y como no soy homosexual, el deseo toma naturalmente la forma de la mujer” (1). Las raíces de esta poética personal hay que buscarlas en el París surrealista de los años veinte: allí el joven Buñuel descubre la obra del marqués de Sade, cuya lectura ya no le abandonará jamás, y los presupuestos científicos de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis. A través del primero se cercioró de lo que siempre había sospechado desde su infancia en Calanda, que el hombre no era libre, pero su imaginación sí; Sade le proporcionará el medio de expresar en su cine la oposición entre los instintos naturales del hombre y las convenciones sociales que éste crea. El segundo le reveló que en el desván del subconsciente dormían agazapados todos nuestros sueños, que no tenía más que abrir una rendija en la puerta y dejar que aflorasen nuestros deseos más inconfesables. El motivo por el que utilizó el subconsciente como fuente de creación artística se debe a que en nuestros sueños y ensoñaciones el instinto se halla en estado puro, libre de las ataduras de la razón. En ellos se condensan, desordenados, los sucesos que nos han impactado durante la vigilia, nuestras más oscuras obsesiones.

Los insectos y otros animales (racionales)

Buñuel se sentía fascinado por el mundo de los insectos, afición que arrastraba desde el contacto con la Naturaleza en su niñez, la deslumbrante lectura en su juventud de Fabre y sus Maravillas del instinto de los insectos, hasta los estudios en el Museo de Historia Natural durante los años de la Residencia de Estudiantes en Madrid. Conversando con su amigo Max Aub, afirmaba que: “lo que más me ha gustado, me sigue gustando y me continúa pareciendo un misterio extraordinario, son los insectos… Para mí es el misterio de la vida. Lo incomprensible. Lo que está más allá“ (2). En sus películas dará cumplida cuenta de ello al utilizarlos (y no sólo a los insectos, sino a los animales en general, el bestiario buñuelesco es extenso y sugerente) “como sustrato instintivo en el que se asientan las pulsiones de los personajes” (3). El cineasta observa el comportamiento humano con lupa de entomólogo y dota a sus personajes de actitudes propias del instinto animal.

Como los insectos, las mujeres en su cine asumen ese catalizador de lo irracional, procedente de una visión cósmica de la vida en donde lo femenino ha adquirido desde la antigüedad un componente lunático, telúrico y nocturno, frente a lo masculino, asociado más a las fuerzas racionales del día, el cielo y el sol. Como consecuencia, la mujer para Buñuel “es parte más activa que el hombre en el proceso general de la liberación. Sus heroínas no llevan el peso represor de los personajes masculinos» (4), que no paran de arrastrar corchos, maristas, pianos de cola o cuerdas como metáfora de sus temores ancestrales. Ellas son mujeres desenvueltas, que toman la iniciativa, mientras que los hombres acaban en muchas ocasiones convirtiéndose en peleles sometidos por su propio deseo, acosados por barreras sociales y culturales, desde Un perro andaluz hasta Ese oscuro objeto del deseo, personajes como don Guadalupe, su hijo y el capataz de su hacienda (en Susana), don Lope (en Tristana), don Jaime (en Viridiana) o Mateo (en Ese oscuro objeto del deseo) se entregan sin reservas a sus irresistibles láminas para recibir a cambio inesperadas reacciones de rechazo y humillaciones. Los hombres pierden en- seguida el control de sus actos (a veces llegan a adoptar una postura radical, como la decisión de don Guadalupe de expulsar a su esposa de la casa, o el suicidio de don Jaime ante la negativa de su sobrina de quedarse a vivir con él, pues prefiere la ascética vida del convento), mientras que ellas se adaptan mejor a las circunstancias adversas de la vida (como le ocurre a Viridiana que, ante la noticia del ahorcamiento de su tío, decide abandonar su futuro como monja para establecerse en la finca heredada y practicar la caridad con los pobres); aunque a veces su carácter acabe agriándose (como el caso de Tristana cuando le cortan la pierna enferma).

Eros y Thanatos

Sin embargo, “cuando a despecho de todas las prohibiciones, este deseo podía ser satisfecho, el placer físico era incomparable, pues siempre se asociaba a él ese goce secreto del pecado” (5). Y la pulsión de vida conduce inevitablemente a la pulsión de muerte. Eros y Thanatos fluyen entrelazados en toda la filmografía buñueliana, puesto que el amor para el cineasta sólo se comprende entre contrarios. Este concepto alcanza su paroxismo en Abismos de pasión, la adaptación de la novela de Emily Brontë que tanto gustaba a Buñuel y sus amigos surrealistas parisinos por su romanticismo exacerbado, pues en ella el amour fou, “el amor loco, el amor que es una agonía, un combate con el ser amado» (6), brota de los personajes con un furor irracional; antológica es la escena final de la película con ese erótico descenso a los infiernos de Alejandro, el encuentro en la cripta con el cadáver de su hermana adoptiva, Catalina, y el escopetazo final que destroza la cara del amado y le hace caer sobre el féretro en un abrazo mortal.

A lo largo de toda su obra se lleva a cabo una recreación poética de la costumbre que la mantis religiosa hembra tiene de devorar al macho en el coito (al igual que otros arácnidos). Ya lo expresó Buñuel en su primera película (en colaboración con Salvador Dalí, quien también plasmó esta misma obsesión en sus cuadros), Un perro andaluz, en la escena del hombre que acaricia las nalgas y los senos desnudos de la mujer, mientras una baba espesa asoma por la comisura de sus labios al tiempo que su rostro adopta una expresión de éxtasis. Y es que para Buñuel el amor y la muerte conforman una unión indisoluble: “para mí, la fornicación tiene algo de terrible. La cópula considerada objetivamente, me parece risible y a la vez trágica. Es lo más parecido a la muerte» (7). Para completar el triángulo vivencial e ideológico del realizador, hay que añadir una religión que prohibía toda relación sexual extramatrimonial, un catolicismo mórbido que oprimió su infancia y primera juventud: el sexo es un pecado que nos conducirá a la muerte.

Los objetos, el fetichismo y otras perversiones

A consecuencia de esta carga represora, la mujer se convierte en un ser fascinante, complejo e inabarcable, y el hombre no puede poseer sino su copia, su fetiche. Los objetos cobran entonces una vida interior (como una invocación mágica del cuerpo de la amada) y chocan entre sí en una algarabía incongruente hasta formar collages surrealistas. Dentro de los fetiches buñuelianos, los zapatos adquieren un rango especial por la frecuencia con que aparecen en sus películas: en Viridiana, en Diario de una camarera,… o en Él; Francisco, el protagonista de esta última, se enamora de Gloria en una iglesia, cuando su mirada se tropieza con unos pies femeninos en la escena del lavatorio de pies con que se inicia la película. En Él, los celos paranoicos de Francisco fetichizan a la mujer a quien desea. Tampoco el viejo maso- quista que aparece en Diario de una camarera logra convencer a Célestine para que continúe con el rito de los dolorosos latigazos de placer y tiene que conformarse con unas botas negras; aferrado a ellas encontrará la muerte sobre la cama, desnudo, casi en posición fetal. Así pues, el fetichismo de los zapatos y los pies femeninos “logra separar al hombre de la mujer, convirtiendo a ésta en una pantalla para la proyección de fantasías y deseos trasnochados” (8).

A este glosario de prótesis eróticas podemos añadir otros objetos que llegan en algunas ocasiones a convertirse en verdaderos protagonistas o hilos conductores de la historia: tal es el caso de la pierna ortopédica de Tristana (¿o de Miguel Pellicer, el protagonista del milagro de Calanda?), o la cuerda de saltar a la comba en Viridiana (que luego pasa a tener otros usos menos inocentes: la utiliza don Jaime para ahorcarse, y uno de los mendigos la lleva atada a la cintura mientras intenta violar a la monja frustrada). Pero no menos polisémicas y misteriosas son las cajas: las hay por doquier, desde la de rayas diagonales que lleva el ciclista colgada al cuello en Un perro andaluz, la caja de música que hace realidad los deseos del pequeño Archibaldo en Ensayo de un crimen, o la caja de los sueños dulces (que contenía laudeína, codeína y morfina) en El ángel exterminador, hasta la adornada con conchas en Ese oscuro objeto de deseo, la caja de la que Conchita extrae un caramelo para dárselo a Mateo; aunque la caja más famosa tal vez sea la que el cliente asiático del burdel regala a Séverine en Belle de jour y que el mismo Luis Buñuel dice no saber qué contiene (9).

Debido al interés por las diferentes manifestaciones del deseo, además de la temática fetichista, suelen aparecer en sus películas otras perversiones de Eros inspiradas en las lecturas de Sade y Freud: el voyeurismo en Él, el masoquismo en El fantasma de la libertad, el onanismo y el exhibicionismo en Tristana, y la necrofilia en Belle de jour. Sin embargo, pese a la crudeza de estas depravaciones, Buñuel se cuidó siempre de matarlas a través del filtro de un humor no exento de socarronería (el humor es otra constante en su filmografía).

Tipología femenina

Al margen de las motivaciones personales del cineasta para construir las historias y los personajes de sus películas, no hay que olvidar que por ellas desfilaron “algunas de las estrellas femeninas más atractivas y conscientemente sexuales del cine comercial mexicano así como del cine de arte y ensayo internacional» (10), por lo que aportan una imagen erotizada desde sus respectivas carreras de actrices con glamour. Así sucede con Rosita Quintana (en Susana), corporeizada en otros filmes mexicanos como “la mala hembra” saturada de sexo, o Catherine Deneuve, quien el año anterior a la producción de Belle de jour había interpretado un papel de psicótica en Repulsión, de Roman Polanski, película que igualmente gira en torno a los sueños de la razón y los monstruos que crean; también tenían su propia imagen creada Simon Signoret, Silvia Pinal, Jeanne Moreau, María Félix…

La figura femenina en las películas de Buñuel presenta una variada tipología y suele segregar en la pantalla “una gran magnitud de flujo subliminal» (11). La mayoría de sus mujeres se erige como fantasías del temor o del deseo masculino y caen, tan a menudo como los hombres, víctimas del orden social.

  1. La mujer virginal

La mujer virginal expresa cualidades positivas, representa la pureza, el ansia del ser humano por regresar al origen, a un pasado inmaculado e idílico, antes de que la religión institucional mutilara el deseo, contaminando la sexualidad con la noción de pecado. Virginales son: Viridiana, que lucha infructuosamente por liberarse de las exigencias materiales (también lo intentarán Nazarín y el eremita Simón en sus equivalentes masculinos) y la Tristana ingenua y enamoradiza que pierde la inocencia con la amputación de una pierna. Para Buñuel, la novela de Galdós supuso, por un lado, una excusa que le permitió rodar en las mismas calles toledanas que había tramitado con sus amigos de la Residencia, y por el otro, la oportunidad de evocar el famoso milagro de Calanda, un misterio que tanto le atraía, realizado por la intercesión de la Virgen del Pilar, a quien Buñuel tenía en gran estima, todo lo contrario de la opinión que le merecía la figura de Cristo, pues se interponía entre el hombre y sus relaciones con la sociedad y la Naturaleza.

Virginal es también la “walkiria” de El ángel exterminador, Leticia, gracias a la cual se logra recomponer la posición inicial de los comensales (no todos, pues tres han muerto ya) para al fin salir del inexplicable en cierro al que se hallan sometidos en una habitación de la mansión burguesa.

Pero como la contradicción y la ambigüedad son los cimientos sobre los que el realizador edifica su particular universo poético, no faltan actitudes femeninas que muestren tensiones contrapuestas, como la asociación de la infidelidad o la traición con mujeres que en varias de sus películas cosen, bordan o hacen encajes (su primera aparición tiene ya lugar en El perro andaluz con una ilustración de La encajera de Vermeer, cuadro que también extasiaba a sus amigos Dalí y a Pepín Bello, y la última cerró la filmografía de Buñuel en Ese oscuro objeto del deseo con una mujer zurciendo un desgarrón ensangrentado); son imágenes que pretenden desvelar nuestra verdadera naturaleza mediante impulsos irracionales. El efecto obtenido es similar al inserto de imágenes de insectos u otros animales en escenas en las que hay o va a haber un acto sexual (así ocurre en La joven con un mapache atacando a las gallinas antes de la violación de la muchacha isleña).

El tema de la virginidad es recurrente en Buñuel; su reflexión deriva hacia la idea de la mujer maternal como imagen primordial que nos restituye la inocencia y pureza perdidas, por medio de la muerte regresamos al útero materno, lo que supone una expresión del mito del eterno retorno. A este sentido telúrico de la madre se añaden otros como la figura de pesadilla edípica: en Los olvidados se produce una inclinación libidinal hacia la madre, tanto Jaibo como Pedro viven una sensación constante de orfandad, el primero porque no la conoció, y el segundo porque fue fruto de una violación y sufre su rechazo (el elemento irracional se plasma a través de la asociación de la madre con las gallinas, tanto Pedro como su madre la emprenden a palos con ellas cuando pierden el control de sus actos); otras veces se manifiesta por medio de un sueño, como el del teniente de El discreto encanto de la burguesía, en donde se recrea el freudiano complejo de Edipo mediante la madre muerta que avisa a su hijo de que su verdadero padre fue asesinado por el impostor que lo suplanta.

En ocasiones, la figura materna tiene una presencia protectora: la dulce, buena y sumisa Gloria de Él que soporta los continuos cambios de humor de su celoso marido Francisco; la madre de Una mujer sin amor, que padece la incomprensión de su hijo cuando le confiesa un desliz del pasado; la abnegada y cariñosa madre de Simón del desierto que monta su frágil vivienda cerca de la columna desde la que su hijo ahuyenta las tentaciones de la carne.

  1. La mujer prostituta/bruja

Como contrapunto de la figura virginal y santa, Ia mujer prostituta/bruja encarna el carácter demoníaco de las relaciones sexuales, esa fijación que tenía Buñuel del coito como algo infernal. Es una mujer consciente de su sexualidad y de su poder para seducir al macho. Es el caso de la prostituta de Ensayo de un crimen, Patricia, que liga en una fiesta con Archibaldo, más preocupado por quitársela de encima y por volver a ver a Lavinia, por la que de verdad se siente atraído. Lavinia es una de las pocas mujeres con estudios que aparecen en su cine, es una mujer liberada y juguetona que preconiza a la Conchita de Ese oscuro objeto del deseo, una mujer de los años setenta libre ya del yugo social que otorgaba todos los poderes al hombre. Las prostitutas tienen un papel relevante en Belle de jour. En el burdel de Madame Anaïs se reproducen las pautas y estructuras sociales del exterior; las rameras se comportan con naturalidad mientras esperan a los clientes y asumen con fingimiento indolente pero profesional los perversos requerimientos de éstos. Sin embargo, la de Nazarín, Andara, es una puta redimida por su benefactor, el padre Nazario, que la esconde y socorre de las heridas que ha sufrido en una pelea con otra mujer de su oficio; el enano Ujo se enamora de ella e intenta encauzarla por el camino del bien. Pero el personaje femenino que mejor encarna la ambivalencia entre lo angelical y lo demoníaco aparece en Simón del desierto: se trata del diablo que toma la forma de una muchacha vestida de marinero, aunque con liguero y medias; intenta seducir a Simón, pero como no lo consigue, lo abandona y se transforma de joven a anciana bruja.

  1. La mujer vampiresa

Otra figura femenina que abunda en la cinematografía buñueliana es Ia mujer devoradora de hombres, “que da rienda suelta a los impulsos turbulentos de una pasión fatal” (12). Los hombres caen presa de los encantos femeninos y están dispuestos a dejarlo todo por conseguir el objeto de su deseo. El ejemplo más turbador se da en Susana; en ella la protagonista logra provocar la excitación de tres hombres a la vez, trastoca el orden burgués que reinaba en la hacienda de don Guadalupe poniendo patas arriba las cordiales relaciones familiares y logra enfrentar al capataz con su amo. Será la criada de la casa quien desde el principio advierta la llegada del demonio y las consecuencias funestas que para todos traerá si acogen a la muchacha (el personaje de Susana puede entrar perfectamente dentro del grupo de la mujer prostituta/bruja pues participa de la mujer con cuerpo de ángel y comportamiento demoníaco, cara y envés de una misma moneda). En El bruto se plantea (como en muchas otras películas de Buñuel) la relación de una mujer joven con un viejo, al que acusa de poca hombría; Paloma extiende sus redes de mujer vampiresa para seducir al ingenuo matarife, y matón en sus ratos libres al servicio del anciano y egoísta esposo, pero esta relación desembocó en tragedia.

  1. La niña-mujer

A menudo desfilan por sus películas personajes femeninos de tierna edad que se convierten en víctimas de los deseos brutales masculinos. Encarnan a la figura de Ia niña-mujer, muy potenciada en el surrealismo, y son un reflejo de la inocencia no contaminada por las convenciones sociales. Estos seres desvalidos e indefensos se someten a los impulsos depredadores de unos hombres en ocasiones maduros a quienes atrae la posibilidad de desflorar a una chica que todavía no ha sido formada por la experiencia y que se someta ciegamente a la autoridad del padre: así sucede con las relaciones entre don Lope y Tristana en la primera parte de la película, y con los oscuros deseos de don Guadalupe hacia Susana. Otras veces, corren peor suerte, como Claire, en Diario de una camarera, la caperucita del cuento que es violada y asesinada por el cochero Joseph, un lobo rudo, inquietante y ultraderechista convicto. Otras niñas sufrirán la agresión sexual del hombre: Meche (en Los olvidados) logra zafarse del acoso de Jaibo, y Séverine (en Belle de jour) sufrirá en sus carnes el recuerdo infantil de cuando fue manoseada por un fontanero. Crónica es la presencia de la niña de Ese oscuro objeto de deseo, quien escucha, al igual que el resto de los ocupantes en el camarote de un tren, el escabroso relato de Mateo sobre sus relaciones con la joven Cochita. Hay una última película, La joven, cuyo personaje principal es una adolescente, de nombre Evvie, deseada por el adulto Miller, quien, tras abusar de ella, acabará enamorándose, y a través de ese amor por la adolescente se ve obligado a reconsiderar sus prejuicios raciales y su visión de la realidad.

  1. La mujer sirvienta

Mención aparte merece la figura de la criada en las películas de Buñuel, personaje secundario pero con una gran carga ideológica: la de Susana representa la voz de la conciencia, aunque sea a través de la superstición; en Tristana, la criada representa la lucha de la madre proletaria por proteger los intereses de su hijo, un adolescente sordomudo y ocioso; el mismo sentido detenta la criada del burdel en Belle de jour, que oculta a su hija adolescente de los extraños clientes. Como curiosidad, esta última criada está interpretada por Muni, una actriz que el cineasta convirtió en una especie de mascota, pues tiene un pequeño papel en muchas otras de sus películas.

  1. La mujer esposa: Jeanne Rucar

Y para completar este somero recorrido por el gineceo de Buñuel, cabe añadir a la mujer de carne y hueso que lo acompañó desde su juventud en París, donde se conocieron y enamoraron, hasta su exilio en México. Tras la muerte de Buñuel, Jeanne Rucar escribió un libro titulado Memorias de una mujer sin piano, donde definió a su marido como un hombre “celoso, dominante, y también tierno y con sentido del humor, alegre” (13). Una vez más, Buñuel y sus contradicciones.

Epílogo

Buñuel, al igual que otros directores como Hitchcock, ha sido a menudo acusado de machismo por contribuir a la opresión de la mujer. Por el contrario, “las mujeres que aparecen precisamente en el cine de estos dos directores son fascinantes, y lejos de considerarlas personajes ‘maltratados’, pienso que están dotadas de un gran poder visual y narrativo» (14). En todo caso, al considerar este espinoso tema, es necesario contextualizar a Buñuel como un hombre de su tiempo y considerarlo dentro del ambiente histórico y social en que creció y le tocó vivir, en una época marcada por una castradora represión religiosa que padecieron los hombres y mujeres de su generación.

A lo largo de todas sus películas, Luis Buñuel nunca dejó de explorar el comportamiento humano y su lucha infructuosa contra las convenciones sociales y culturales. Basten estas declaraciones del propio cineasta para dilucidar cuáles eran sus intenciones: “Hoy, me podrían quemar todas mis películas y lo haría sin pensar un momento. Y quemaría todas las obras de arte sin el menor remordimiento. A mí no me interesa el arte, sino la gente” (15).

 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS CONSULTADAS

-Aub, Max, Conversaciones con Buñuel, Aguilar, Madrid, 1985. (2) (15)

-Buñuel, Luis, Mi último suspiro, Plaza & Janés, Barcelona, 1983. (5)

-Fuentes, Víctor, Buñuel en México, Instituto de Estudios Turolenses, Teruel, 1993. (4)

-Rioyo, Javier, “¡Esa pierna!…y otras mujeres”, Nikel Odeon, Madrid, 1998.

-Rucar de Buñuel, Jeanne, Memorias de una mujer sin piano, Alianza, Madrid, 1991. (13)

-Sánchez Vidal, Agustín, Luis Buñuel. Obra cinematográfica, Ediciones JC, Madrid. 1984. (11)

-Sánchez Vidal, Agustín, El mundo de Buñuel, CAI, Zaragoza, 1993. (3)

-Pérez Turrent, Tomás, y de la Colina, José, Buñuel por Buñuel, Plot, Madrid, 1993. (1) (6) (7) (9)

-Pérez, Pablo, y Hernández, Javier, “Luis Buñuel y el melodrama. Miradas en torno a un género”, Vértigo, La Coruña, Marzo 1995.

-Parrondo Coppel, Eva, “Belle de jour. Retrato de una joven burguesa masoquista”, Vértigo, La Coruña, Marzo 1995. (14)

-Valdivielso Miquel, Emilio, El drama oculto, Ediciones de la Torre, Madrid, 1992.

-Willian Evans, Peter, Las películas de Buñuel. La subjetividad y el deseo, Paidós, Barcelona, 1998. (8) (10) (12)

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Artículo revisado y publicado originalmente en Los olvidados: un homenaje a Buñuel, Cine Maravillas Teruel SL, Teruel, 2000.

 

 

SEGUNDO DE CHOMÓN Y TERUEL

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LA HUELLA DE SEGUNDO DE CHOMÓN EN TERUEL

Gonzalo Montón Muñoz

Abducidos por un mago turolense

Somos ya muchos los aficionados al cine que venimos sintiendo permanente curiosidad y asombro por el pionero del cine Segundo de Chomón, embelesados por sus fantasmagorías, por su mágico universo de imágenes en movimiento rodadas cien años atrás, en la época del cine mudo. Este cada vez menos desconocido cineasta internacional de origen turolense desarrolló su carrera profesional durante el primer tercio del siglo XX, entre Barcelona, París y Turín, contribuyendo a desarrollar numerosas técnicas cinematográficas y efectos visuales que, trasladados al sistema digital, siguen muy vigentes hoy en día. En su periplo vital, nuestro cineasta se codeó con grandes directores de aquella época, como Ferdinand Zecca, Giovanni Pastrone y Abel Gance, pero desde su fallecimiento en 1929, y como les ocurrió a otros pioneros del nuevo medio expresivo, se fue convirtiendo, poco a poco, en pasto del olvido. La causa principal es que los créditos de las primeras películas apenas incluían el título y el anagrama de la productora. Además, debido a que el material de nitrato donde entonces se plasmaban era muy perecedero, a que las películas no se alquilaban, sino que se vendían directamente a los exhibidores, y a las turbulencias históricas del siglo XX, muchas de las producciones cinematográficas de los inicios del cine han desaparecido.

Pero gracias a las publicaciones en las últimas cinco décadas de numerosos investigadores del cine, la obra cinematográfica de Segundo de Chomón está siendo cada vez más reconocida y valorada por el público en general. De ello son causantes los libros monográficos editados sobre él, que desde los años setenta del siglo pasado comenzaron a aparecer al cumplirse el centenario de su nacimiento y nos descubrieron a este mago de la pantalla.  Carlos Fernández Cuenca, Pascual Cebollada García, Joan Gabriel Tharrats, Agustín Sánchez Vidal y Joan Minguet Batllori, en España, y Simona Nosenzo, en Italia, nos han contado quién fue este inquieto y misterioso personaje de los albores del siglo XX y cómo desarrolló su deslumbrante obra cinematográfica.

Desde que fuimos conocedores de su existencia y de nuestra vinculación natalicia con él, los turolenses solemos hacer gala de que nuestra ciudad es la cuna de un pionero del cine llamado Segundo de Chomón. Aquí va este paseo retrospectivo que da fe de lo mucho que desde Teruel hemos contribuido a difundir al personaje y auparlo a su lugar de honor en la historia del cine, y que a la vez nos ha servido de inspiración para producciones cinematográficas, realizadas en su mayoría con alumnado turolense de secundaria.

Una lápida recordatoria en su ciudad natal

Por iniciativa del crítico e historiador cinematográfico Pascual Cebollada, oriundo de la provincia de Teruel y presidente del Círculo de Escritores Cinematográficos, el 18 de diciembre de 1971 se le rindió en Teruel un homenaje al entonces casi desconocido Segundo de Chomón, para conmemorar el centenario de su nacimiento, sucedido en nuestra ciudad un 17 de octubre. En el evento colaboraron la Filmoteca Nacional, el Sindicato Nacional del Espectáculo y el Ayuntamiento de Teruel. Hasta aquí se desplazaron cineastas, periodistas y críticos de cine de Madrid y Zaragoza, como Ana Mariscal, José F. Aguayo, Manuel Gil Parrondo y Jesús Tordesillas. Después del recibimiento oficial con un discurso del alcalde, Cosme Gómez Iranzo, en el Ayuntamiento, se descubrió una placa en el n.º 6 de la calle de Chantría, en la fachada de la casa donde nació, con la inscripción de una breve información biográfica y su relevancia en el mundo cinematográfico. Por la tarde, en el cine Marín, tras una presentación de Pascual Cebollada y la intervención de los historiadores del cine zaragozanos, José Francisco Aranda y Manuel Rotellar, se proyectó un fragmento de Cabiria y el cortometraje El hotel eléctrico, entre algunas de sus películas.

El Cine Club Segundo de Chomón

Por influencia quizás de la colocación de la placa, en diciembre de 1972 se creó en Teruel el Cine Club Segundo de Chomón. Parece ser que el primer nombre propuesto fue el de Luis Buñuel, pero el Ayuntamiento se negó. Contaba el Cine Club con 125 socios fundadores y se mantuvo activo hasta 1978. Era miembro de la Federación Nacional de Cine Clubs, y sus promotores, profesores de instituto en su mayor parte, querían tener acceso en la ciudad a disfrutar de un cine clásico y con calidad artística. Las sesiones tuvieron lugar en diferentes locales, como el cine La Salle, el Salón Sindical, la Casa de la Cultura y el cine Marín, donde se proyectaban las películas en formato de 16 mm.

Chomón en el Festival Turolense de Cine

Bajo diferentes nombres, el Festival Turolense de Cine animó la actividad cinematográfica de la ciudad entre 1983 y 1996; tanto que llegó a convertirse en el acontecimiento audiovisual más importante en Aragón, por la presencia en Teruel de actores, directores y técnicos cinematográficos españoles de gran categoría. Lo hizo posible el tesón y el ímpetu de un grupo turolense de jóvenes entusiastas del mundo cinematográfico, como Fermín Pérez, Ángel Gonzalvo, Paco Martín, Félix Serna, Ana Pérez y Elifio Feliz de Vargas, entre otros; también se logró el éxito gracias a la ayuda de sus numerosos y activos colaboradores fuera de Teruel. El crítico de cine Pascual Cebollada, nacido en la localidad turolense Ferreruela de Huerva, fue uno de ellos al convertirse en mentor del Festival ante la Filmoteca Nacional y el Ministerio de Cultura. Así que, lo largo de las diversas ediciones, Chomón fue rememorado mediante la proyección de algunas de sus películas y de la aparición de varias publicaciones, como Segundo de Chomón (1986), de Pascual Cebollada, Directores aragoneses en el cine español (1991), de Pablo Pérez y Javier Hernández, y Breve historia de la animación en España, (1993), de Emilio de la Rosa e Hipólito Vivar, con el apoyo editorial del Instituto de Estudios Turolenses y del propio Festival.

En diciembre de 1990, durante la Semana Internacional de Cine de Teruel se recordó su obra cinematográfica con la proyección de algunos cortometrajes, como El hotel eléctrico, La gallina de  los huevos de oro, El rey de los dólares, El pescador de perlas, Los Kiriki, acróbatas japoneses y Sinfonía bizarra, de su época en la productora francesa Pathé Frères. El cineasta e investigador Juan Gabriel Tharrats aportó las películas para la proyección y presentó su libro Los 500 films de Segundo de Chomón, editado poco  antes por Prensas Universitarias de Zaragoza. Y al año siguiente, en Animateruel, el nuevo formato del Festival, Tharrats presentó los cortos con acompañamiento de Joan Pineda, pianista especialista en poner música al cine mudo. Ya en 1979, este director había realizado un largometraje documental sobre el cineasta, Cinematógrafo 1900, también con la música de Pineda, dando a conocer en diferentes festivales la filmografía de Chomón a un público más amplio que el de los investigadores y aficionados al cine.

En un tributo al Festival de Cine en diciembre de 2016, en el espacio «Aragoneses en el cine», se proyectó una copia restaurada de El hotel eléctrico en el salón de actos de la Delegación Territorial de la DGA.

Un instituto llamado Segundo de Chomón

Con la nueva ley de educación de 1990, denominada LOGSE, los Institutos Politécnicos de Formación Profesional pasaron a denominarse Institutos de Educación Secundaria. El de Teruel estaba ubicado en la calle Atarazanas, muy cerca de la Ciudad Universitaria; si bien, en 2010 se trasladó a unas instalaciones nuevas en la calle Pablo Monguió, junto al barrio de la Fuenfresca. Ante la necesidad de encontrar un nombre para el centro educativo, un grupo de profesores ꟷentre ellos, Fernando Muñoz, Félix Domínguez y Rafael Estebanꟷ elevaron la propuesta al Claustro; el 31 de mayo de 1994, en Consejo Escolar Ordinario, fue elegido el nombre del cineasta, venciendo en la votación frente a Antonio Mingote y a Río Turia, los otros propuestos; y así pasó a denominarse IES Segundo de Chomón.

Desde 1995, año en que se festejó el centenario del nacimiento de cine, varios profesores del instituto, aficionados a este medio artístico y admiradores de nuestro insigne epónimo, empezamos a organizar ꟷinvolucrando también a los departamentos didácticosꟷ diferentes actividades complementarias consistentes en charlas, excursiones, actuaciones, proyecciones de películas y talleres educativos dirigidos a los alumnos de nuestro centro, durante la Semana Cultural de primavera, con el objetivo de instruirles sobre el lenguaje de los medios audiovisuales y darles a conocer a nuestro paisano cosmopolita. Contactamos con profesores, estudiosos y apasionados del cine, como Ángel Gonzalvo, Elifio Feliz de Vargas, Pablo Pérez, Paco Martín, Javier Millán, Juan Villalba y Toni Alcaine, la mayoría de nuestro entorno turolense, para que transmitieran al alumnado sus experiencias y conocimientos cinematográficos. En 1998, de nuevo el estudioso del cine Pascual Cebollada visitó nuestra ciudad para dar una charla en el salón de actos de la Universidad, en la que nos habló de Chomón y también nos proyectó una antología de sus películas. Asimismo, la directora Mercedes Gaspar, muy vinculada a Calanda, estuvo en el instituto en 2001 para explicarnos cómo aplicaba, por influencia de Chomón, la técnica del stop motion en sus cortos de animación experimental. La realizadora Dolors Genovès nos visitó en 2002 para presentarnos un documental sobre Chomón producido por la Televisión de Cataluña que acababa de estrenar. Y al año siguiente, el ilustrador José Luis Cano, al que recientemente la editorial Xordica le había publicado El Mago Chomón, un librito con textos y dibujos sobre el pionero turolense. La Semana Cultural acabó disgregándose en 2012, pero igualmente hemos seguido acercando el cine y a Chomón a nuestro alumnado. Para la mayoría de las actividades hemos contado con el apoyo económico del Ayuntamiento de Teruel y la colaboración del cine Maravillas.  

Asiduamente hemos participado desde nuestro instituto, como muchos otros centros educativos de la provincia y de la comunidad aragonesa, en el veterano programa de alfabetización audiovisual Un día de cine, coordinado por Ángel Gonzalvo, desde el que ha promovido en numerosas ocasiones actividades vinculadas al cine de Chomón. Así, disfrutamos con el director Coke Riobóo cuando nos enseñó a animar muñecos de plastilina, y con el músico Juanjo Javierre, que sincronizaba ritmos electrónicos con la proyección de El hotel eléctrico, emulando así a los músicos que acompañaban en directo las películas mudas. Además, los profesores María Jesús Pérez, Fernando Muñoz y yo mismo hemos colaborado con Un Día de cine en la confección de una guía didáctica sobre Chomón, los inicios del cine y su relación con la ciencia orientada a  alumnos de secundaria.

Paralelamente a las actividades, hemos realizado hasta hoy con nuestros alumnos más de sesenta vídeos escolares, en la mayoría de los cuales hemos aplicado los trucajes de Chomón y otros pioneros del cine, como las transparencias, el paso de manivela o stop motion, el juego de escalas y el movimiento invertido. De este modo, surgieron cortometrajes con títulos, técnicas y contenidos muy «chomonianos», como Las maletas de Chomón, Infantasmagorías, Sin trampa ni cartón, Los sueños se revelan, Juega limpio, El aula hechizada, Nadie es mejor que nadie o el más reciente, En mis ojos, por poner algunos ejemplos. Además del apoyo del instituto, ha sido fundamental, por todos los premios recibidos a nuestras pequeñas producciones audiovisuales, el estímulo constante del Festival de vídeos escolares Cine y Salud, organizado por el Departamento de Salud y Consumo del Gobierno de Aragón, y con Carlos Gurpequi como máximo impulsor del concurso.

El cine Maravillas y la revista de cine Cabiria

Abierta desde 1983, la sala Maravillas de Teruel, con Nacho Navarro Asún como gerente ꟷy antes junto a su desaparecido socio Fernando Vicente Redónꟷ, no ha dejado de impulsar la cultura audiovisual durante todos estos años. Una de las actividades más veteranas del Maravillas es la del Cine Club, con la proyección de películas interesantes y alejadas en su mayoría del circuito comercial; se contaba con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel. En el año 2000 se pensó en regalar con el bono de las entradas una revista de cine con diversos artículos sobre la película Los olvidados, de Luis Buñuel, para celebrar el centenario de su nacimiento. A partir de entonces, la publicación de una revista con artículos cinematográficos como el complemento de las sesiones del Cine Club se convirtió en habitual. Paco Martín, Nacho Navarro, Javier Millán, Toni Alcaine, y muchos más que se fueron sumando ꟷcomo Carlos Gurpegui, Ángel Gonzalvo, Beatriz Chemor, Juan Villalba, Graciela de Torres y Roberto Sánchezꟷ éramos un equipo al que nos unía el amor al cine y la cultura; y también éramos admiradores confesos del cine de nuestro paisano Chomón.

Fue Javier Millán quien nos propuso en 2004 bautizarla con el nombre de Cabiria, porque esta película de 1914, aunque dirigida por el italiano Giovanni Pastrone, evocaba a nuestro cineasta, pues en su rodaje tuvo una importante participación como operador de cámara, director de fotografía, iluminador y truquista. De esta manera la publicación del Cine Club comenzó a llamarse Cabiria. Cuadernos turolenses de cine, con Javier Millán como director y Nacho Navarro el cine Maravillas como editor. Desde entonces se han ido sumando un gran número de colaboradores de diferentes lugares, sin cuyos artículos la revista no sería posible. En 2009, a partir del sexto número, recogí de Javier Millán el testigo como director. Desde el número 14, publicado el año pasado, el Instituto de Estudios Turolenses ha decidido asumir su publicación.

Como era de esperar, en la mayoría de los números de Cabiria prestamos atención a estudios y análisis de la obra de Chomón. Javier Millán ha publicado en varios números de Cabiria artículos sobre el cineasta: «Recopilar la obra de un mago de la pantalla», «Méliès y Chomón en la Luna», «El cine de Chomón. La imagen como sentido», «Un siglo de El hotel eléctrico» y «Chomón, un precursor del lenguaje cinematográfico», un detallado dosier de las películas del cineasta recuperadas y restauras por la Filmoteca de Cataluña. También participó en la revista Turia de 2008 con un completo recorrido por la figura y la obra cinematográfica del cineasta, titulado «Segundo de Chomón: pasado y presente de un visionario del cine». También yo publiqué en Cabiria «Del Turia a Turín», la crónica de un viaje en 2009 a la ciudad italiana para conocer el interés que el director de fotografía y especialista en trucajes despertaba en ellos. En otro de mis artículos para la revista, «La sombra luminosa de Chomón», analicé la evolución del cine de animación y los efectos visuales gracias a la suma de los esfuerzos de pioneros como Reynaud, Cohl, Chomón y Méliès.

El periodista Juan Carlos Soriano, nacido en la localidad turolense de Royuela, nos entrevistó en 2011 al periodista Javier Millán y a mí, como director de Cabiria, junto a Agustín Sánchez Vidal, Antón Giménez y Dolors Genovès, expertos en el cineasta, para su documental sonoro «Segundo de Chomón, un visionario del cine», en el programa Documentos de RNE.

En 2015 se presentó en el cine Maravillas el largometraje de Ramón Alòs, El hombre que quiso ser Segundo, un falso documental en torno a un supuesto hermano gemelo del cineasta, llamado Primo. La proyección contó con la presencia del director y uno de los actores.

Y en mayo de este pandémico 2021, antes cada una de las películas programadas por el veterano Cine Club del Maravillas se han proyectado diversos cortos del cineasta de su etapa francesa y también de la italiana.

El travelín de Chomón, un recurso didáctico

Un equipo de profesores del IES Segundo de Chomón, compuesto por María Jesús Pérez Hernández, Fernando Muñoz Lozano y quien escribe esta crónica, confeccionamos en 2006 un recurso educativo audiovisual sobre los inicios y la evolución del cine como nuevo medio artístico, tomando como hilo conductor la vida y las películas de Chomón. Dirigida a estudiantes de secundaria, pero también al público en general, esta aplicación multimedia e interactiva estaba alojada en una web educativa con el mismo nombre, donde nos hacemos eco de noticias sobre el cineasta, informamos sobre los efectos especiales y creamos enlaces a diferentes producciones audiovisuales que han seguido la estela técnica y artística del pionero Chomón, ya sean cortometrajes, vídeos musicales, spots o largometrajes de animación.

El trabajo recibió ese mismo año un premio de Teruel Digital a la innovación tecnológica, a través de Loveo Comunicación, la empresa turolense que construyó la carcasa digital del recurso didáctico; y en 2009 fue distinguido «como proyecto de educación audiovisual basado en el cine» en la X Jornada de Cine Mudo de Uncastillo, provincia de Zaragoza. También fue presentado en 2010 durante el curso estatal Aprender y enseñar de cine, que organizó el Ministerio de Educación y tuvo lugar en Teruel. Y en 2011 estuvo presente, al igual que la revista Cabiria, en la exposición sobre Chomón El alquimista impaciente y su cine de fantasía, realizada en la Ciudad de la Cultura de Gijón.

La Semana Modernista

Raquel Esteban, impulsora y directora de la Fundación Bodas de Isabel, me propuso en 2019 encarnar a Segundo de Chomón en la Semana Modernista que cada noviembre se viene celebrando con diferentes actividades recreativas y culturales sobre la vida cotidiana en las primeras décadas del siglo XX, cuando la corriente modernista estaba en su apogeo en la ciudad con la construcción de edificios de ese estilo arquitectónico. La  figuración modernista consiste en la recreación y puesta en valor de personajes ilustres del Teruel de aquella época, como el arquitecto Pablo Monguió, los condes de la Florida o los propietarios de la banca Garzarán. A pesar de que lo que me gusta es trastear detrás de las cámaras, me costó muy poco pensármelo y acepté meterme en la piel del pionero turolense; incluso impartí en su nombre una charla en el Casino, ataviado de época, con su característico mostacho y su sombrero canotier de paja, traje con chaleco y pajarita.

Ya en 2017, la Semana Modernista comenzó con un homenaje a Chomón mediante la colocación de una nueva lápida en su casa natal que recordase su figura, esta vez una plancha de hierro oxidado, junto a la que instalaron en 1971 el investigador Pascual Cebollada y otros personajes de la cultura cinematográfica. A través del Ayuntamiento de Teruel, el escultor turolense Nacho Díaz Esterri confeccionó una nueva placa.

En mayo de 2019, un grupo de voluntarios de la Fundación asistimos a la Feria Modernista de Tarrasa, y en septiembre, a otra en Canet de Mar, con un espectáculo en el que Chomón filma a su cuñada France interpretando una danza serpentina, con un blanco vestido confeccionado para la ocasión. También aprovechamos el viaje de la troupe modernista para rodar La maleta encantada, un cortometraje con algunos trucos de imagen como homenaje a Chomón y a su compañera Julienne, que participó activamente en muchos de sus rodajes como actriz y también detrás de la cámara; terminamos la grabación de la historia unos días después en algunas calles de Teruel y en la iglesia de la vecina localidad de Villaspesa. Y en noviembre de ese mismo año, dentro de la Semana Modernista, que estaba dedicada al cineasta,  presentamos nuestro corto en el cine Marín, enriquecido con el acompañamiento de la música original del pianista turolense Frankcho Gallego.

Todavía con la pandemia acechando, en noviembre del año pasado la Semana Modernista cambió su habitual espectáculo de mostrar la vida cotidiana en las calles del Teruel de principios de siglo XX, por la emisión online de conferencias y cortos que recrearan la vida y los personajes turolenses en torno a 1912. Y entre otras actividades, se emitió un pequeño corto en el que Segundo de Chomón visitaba la histórica banca Garzarán, y doña Visitación le concedía financiación para rodar una película sobre la leyenda medieval de los Amantes de Teruel.  

Más recientemente, algunos componentes de la troupe de Chomón participamos en un spot rodado en la entrada de la iglesia de Andorra, para anunciar la X edición de los Premios Simón que la Academia del Cine aragonés otorgó en una gala con guiños al cineasta, como recordatorio por el 150 aniversario de su nacimiento, celebrada en la citada localidad turolense el pasado 26 junio. En el spot simulamos el rodaje de una fantasmagoría protagonizada por la bailarina France, cuñada de Chomón, que interpretó una danza serpentina.

Mucho Chomón en Teruel

En noviembre de 2004, el veterano pianista Jordi Sabatés llevó a la sala Maravillas de Teruel su espectáculo Música para una ilusión. Universo Chomón, con la proyección de fragmentos y películas del pionero acompañadas por el piano del músico catalán, e intercaladas con trucos del mago Hausson. La velada fue organizada por el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Teruel para rememorar el 75 aniversario del fallecimiento de Chomón. Algunos años más tarde, la Fundación Amantes de Teruel programó un concierto del pianista en la iglesia de San Pedro, con 16 títulos de Chomón, aunque sin la presencia del mago, titulado Le piano magique. Jordi Sabatés recrea a Segundo de Chomón.

Y en  2010, el Instituto de Estudios Turolenses, perteneciente a la Diputación Provincial, colaboró en la publicación de un libro-DVD, a cargo de la Filmoteca de Cataluña y Cameo. Titulado Segundo de Chomón (1903-1912). El cine de la fantasía, contiene un estudio de Joan Minguet acompañado de un disco con 31 películas de la primera etapa del cineasta, que trabajó entre Barcelona y París. Dicha Filmoteca está cumpliendo una labor encomiable e imprescindible en la preservación y recuperación de la obra de Chomón, y no cesa en su empeño de divulgar la vigencia de su cine.

            Desde hace ya tiempo, Segundo de Chomón tiene una calle en Teruel dedicada a él, en el barrio de la Fuenfresca, y más recientemente, también en Calamocha, el pueblo turolense en el que nació su madre Luisa Ruiz Valero. Incluso hay una publicación en ciernes, Chomón a media luz, del investigador y profesor turolense Iván Núñez, sobre la primera etapa de la vida del cineasta hasta su traslado de Barcelona a París para trabajar en la productora Pathé Frères; una indagación sobre sus «años oscuros», como los definió el investigador Carlos Fernández Cuenca en el primer libro monográfico que se escribió sobre Chomón. Seguro que esta biografía alguna sorpresa nos deparará.

Con Nacho Escuín y Juan Villalba ahora en la dirección, el Instituto de Estudios Turolenses ha creado este año una comisión con el objetivo de organizar diversas actuaciones que conmemoren el 150 aniversario del nacimiento del cineasta en nuestra ciudad, actividades que ayudarán aún más a difundir, entre sus paisanos y el público en general, a nuestro admirado Chomón, porque forma parte de la cultura de nuestra ciudad y la provincia.

Así pues, demostrado queda que Segundo de Chomón sigue muy vivo entre nosotros, pues está imprimiendo, desde hace ya unas cuantas décadas, una huella imborrable en la sociedad turolense.

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Este artículo se publicó originalmente en el nº 140 de la revista TURIA (Noviembre 2021 – Febrero 2022).

LA GUIONISTA JANET RIESENFELD EN MADRID

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VIVIR Y AMAR EN TIEMPOS DE GUERRA

Gonzalo Montón Muñoz

La reciente publicación en España de Bailarina en Madrid, un libro de memorias firmado por Janet Riesenfeld, supone sin duda una grata sorpresa para los interesados en el medio cinematográfico, así como para los historiadores y los atraídos por la temática de la Guerra Civil española. De su descubrimiento y estupenda edición se ha encargado Amparo Martínez Herranz, profesora de Historia del cine en la Universidad de Zaragoza.

Sabíamos de Janet que fue una destacada actriz de cine y guionista norteamericana afincada en México, que entre los años cuarenta y sesenta del siglo pasado escribió decenas de historias para importantes cineastas mexicanos de su tiempo, como los hermanos Soler; que estaba casada con el director y también actor Luis Alcoriza, y que formaron un fructífero tándem de guionistas. Ella firmaba sus trabajos como Janet Alcoriza, aunque cuando hizo algunos pinitos como actriz había adoptado el nombre artístico de Raquel Rojas; trabajó con los actores Jorge Negrete y Mario Moreno –alias Cantinflas–, entre otros.

Los españoles la recordábamos sobre todo porque el matrimonio Alcoriza colaboró en los guiones de varias películas de Luis Buñuel, como El gran calavera, La hija del engaño y Los olvidados; con el cineasta calandino mantuvieron siempre una gran amistad. Junto a su marido, Janet se codeó con los escritores y artistas más relevantes de su época, y hasta alentó a su amigo el colombiano Gabriel García Márquez durante la escritura de Cien años de soledad.

Pero lo que hasta ahora desconocíamos es que en su juventud Janet Siesenfeld había escrito una novela autobiográfica donde relataba sus experiencias vividas al inicio de la Guerra Civil en Madrid, entre los turbulentos y confusos meses de julio a noviembre de 1936. Con apenas veintidós años, la estadounidense y políglota era entonces una vocacional bailaora de flamenco que viajaba a España para emprender una gira con Miguel Albaicín, artista gitano español al que había conocido en México cuando este acompañaba a La Argentinita. Pretendían concluir las actuaciones en su Nueva York natal, donde vivía su familia, muy vinculada al mundo musical y artístico.

Pero Janet también desea reencontrarse en Madrid con Jaime Castanys, un joven empresario  catalán –poseía una agencia de turismo– del que se había enamorado cuando seis años atrás se conocieron en Hollywood. Tras una dificultosa entrada en España –gracias a un generoso compañero de viaje, se hará pasar por una periodista norteamericana–, Janet llega por fin a Madrid, donde se convertirá en una testigo involuntaria del inicio de un enfrentamiento fratricida que duraría casi tres años. Enseguida conoce a la familia de Miguel Albaicín, de larga raigambre artística, que regentan una academia de baile a la que Janet acudirá con frecuencia para practicar los números de la actuación. A la vez que empezará a conocer el ambiente familiar y social en el que se mueve su novio Jaime; pero la relación sentimental desembocará en un trágico final.

En esos meses traba amistad con periodistas, empresarios, artistas, milicianos y falangistas que pululan por la ciudad, y se encariñará de Rosario, su asistenta personal, de procedencia francesa e intenso pasado sentimental. A través de Janet transitamos las calles, los bares, las salas de fiesta y los cines madrileños que ella frecuentó nada más llegar; pero en muy poco tiempo las circunstancias cambiaron, todo se volvió más violento, comenzaron los bombardeos de los sublevados y  la ciudad se fue convirtiendo en ruinas. Desolada por su vida personal y por sus proyectos artísticos frustrados, mediado noviembre consigue salir de la ciudad sitiada, gracias a la embajada norteamericana, y regresar a Nueva York. Allí pasará los siguientes meses escribiendo sobre ese tiempo en guerra que llegó a vivir, y en 1938 conseguirá publicar la novela autobiográfica en su país para llamar la atención de los ciudadanos americanos sobre el drama que se estaba viviendo en España, y con el objeto de apoyar la democracia española, la causa republicana y las ideas progresistas.

Su narración logra mantenernos interesados en todo momento. La autora da cuenta del imparable deterioro de la ciudad y de sus habitantes, del asedio que sufrieron los madrileños a causa de las bombas de los aviones franquistas tras el levantamiento militar, del temor a los disparos de los francotiradores, de los cruentos asesinatos en plena calle, de la creciente escasez de comida y los cortes de la calefacción. Y lo hace con amenidad y fluidez, a través de una inteligente técnica novelística, al integrar con destreza los diálogos directos con la narración de los hechos y las descripciones, aderezados con frecuencia por reflexiones sobre la idiosincrasia española y lo que está viviendo en esos días atroces. Además, contiene un elenco de personajes del mundo real construidos con precisión y credibilidad. En esta novela de juventud se anuncia ya la perspicaz guionista que llegaría a ser.

El relato de Janet Riesenfeld viene precedido de varios textos introductorios, salpicados por abundante material fotográfico sobre la escritora. El primero corre a cargo del historiador Julián Casanova, que nos explica el contexto en el que se originó la Guerra Civil y cómo se vivió en Madrid. El segundo pertenece al profesor, ensayista y escritor Agustín Sánchez Vidal, donde recrea el ambiente cultural en el que Janet se formó y desarrolló como artista. Finalmente, la profesora Amparo Martínez Herranz traza un recorrido vital y profesional de la pilifacética norteamericana, revelando su curiosidad sobre todo lo que la rodeaba, su aguda inteligencia y la capacidad de adaptación y de superación personal que siempre le caracterizó. Las ilustraciones alusivas a los personajes y a la trama del relato, con sencillos trazos abocetados, pertenecen al diseñador gráfico Lyle Justis, y ya aparecían en la publicación de 1938. Y de la traducción es responsable Aurora Rice.

En definitiva, estas memorias nos ofrecen un valioso testimonio de primera mano sobre cómo fueron en Madrid aquellos primeros meses de la Guerra Civil, desde la mirada sincera y honesta de una joven extranjera que buscaba trabajo y amor, y acabó perdiéndolo todo. Todo esto convierte al libro en una lectura muy recomendable.

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La novela de Janet Riesenfeld ha sido publicada en España en 2023 por Ediciones Espuela de Plata y Prensas de la Universidad de Zaragoza. La reseña apareció en el nº 151 de la revista TURIA (Junio-Octubre-2024).

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